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miércoles, 26 de diciembre de 2012



Ésta va a ser mi oportunidad.

Tantos siglos llevan algunos echando mala suerte sobre mi nombre.

Que ya estoy harto.

Se van a enterar.

Voy a conseguir precisamente que este año, sea uno para celebrar.

Si ellos quieren, claro.

Un año de Cambio.

De muerte en actitudes egoístas que se miran el ombligo.

Y de Nacimiento

En Empatía,

En Sentido Común,

En Vivir y Sentir el Aquí y el Ahora,

En practicar el verbo Agradecer,

En vivir con Sonrisa.

Durante este año voy a intentar que ellos utilicen aquello que ya tienen, y a lo que nadie puede subir en impuestos, ni tampoco recortar.

Si ellos quieren, podrán convertir mi número en un año Positivo.

En un año de Valores.

Yo les puedo ayudar, por algo Pitágoras dijo de mí:

“El 13 es el número de la Evolución y del Crecimiento”

Nota de la autora:

Te deseo un 2013 Positivo.

Y ya sabes… que puedes contar conmigo en ese Camino.

Un abrazo

Lourdes

lunes, 27 de agosto de 2012

ESA ERA LA LEY

Perdió al poker y se cortó la coleta. Bueno, más bien se la cortaron. Ella llevaba muchos años con él y le dolió perderla. Pero su orgullo se alojaba en su vida desde hace más tiempo atrás, y apostó por él. Esta vez no le salió bien. Para que engañarnos, las otras veces tampoco. Y perdió otras cosas.

Nunca le salía bien cuando usaba el arma equivocada.

Michael Ojos Azules, tendió la navaja a su contrincante. Esa era la ley. De un solo tajo el enemigo le rasgó años de posición y de poder. Además de sufrir esa vergüenza pública, Michael Ojos Azules tuvo que sentir el descosido en su yo más interior. Sintió el sesgo y fue con su propia arma. Esa era la ley. El enemigo se hacía dueño de todo, por unos momentos. Y también después, cuando lucía con orgullo otra coleta atada al resto de trofeos que circundaban su cráneo rapado.

Michael Ojos Azules pertenecía al “Club Selecto de los Poetas Nocturnos de Salamanca” desde hace más de unos cuantos años.

En su Iniciación llegó limpio. Sin larguras en sus cabellos, ni en sus experiencias. Para llegar a ser miembro las pruebas eran muy duras. El primer año fue toda una demostración. Al pasado, al futuro y lo que era peor, al presente. Siempre la crueldad sufrida por otros en el pasado ha sido más fuerte cuando se ha podido impregnar en el novato. Pero Michael Ojos Azules era fuerte. Muy fuerte. Tenía el arma más poderosa. Ellos ni la intuían. Conocían con los ojos cerrados las pantallas y las arrojaflechas de sus máquinas informatizadas por otros. Pero eran incapaces de reconocer la que tenían delante de su cuerpo. Era un arma que permanecía oculta en las peleas de puño, de sangre, de cuerpos de gimnasio o de universidad de la calle.

El arma secreta de Michael Ojos Azules eran sus palabras. A veces llegaban “al contrario” viajando por el mundo de las ondas o de los satélites. Algunas de ellas eran lanzadas por él, frente a frente.
Somethimes, Michael Ojos Azules “copilotaba” vehículos a los que arrojaba palabras que de verdad no sentía.

Michael Ojos Azules perdió su coleta. Y aunque el pesimismo, la desesperación, el desconcierto, se apoderaron de él en ciertos momentos de palabras escritas en cuaderno de tapas negras… Michael Ojos Azules descubrió el poder de su arma regalada por los Dioses. El arma con munición de palabras. Pero las palabras podían tener muchos significados. De hecho eso era lo que hacía mejor una palabra con un tipo de perdigón o de otro.

Michael Ojos Azules, eligió el silencio. Miró a su alrededor. Escuchó. Y saboreó gambas a la plancha acompañadas por seres queridos. Regaló muñecas de plata colgadas en pulseras de ternura, y en ese momento fue cuando disparó palabras con pólvora de amor. Incluso, hacia quien nunca fue su enemigo…

Para ti... primito...
Tu coleta se merecía más que una oda.

Autora: Lourdes .G




sábado, 22 de mayo de 2010

EL BIZCOCHO ALEJANDRA-JON


Como sabemos que os gusta la cocina queremos regalaros una receta que ha sido creada después de consultar con los mejores cocineros especialistas, en cómo hacer bien un Bizcocho de Pareja que dure por siempre…

Os avisamos que no hay medida para los ingredientes. Cuánto más echéis mejor…

Para conseguir un buen Bizcocho de Pareja, batiremos el Amor con la Alegría y cuando estén bien mezclados añadiremos la Comprensión con la Ternura. Una pizca de Paciencia nunca le va mal.
Ah, y el Ingrediente que no puede faltar es el Secreto. Ese que sólo sabéis vosotros dos… Quizás… ese momento en San Juan de Gaztelugatxe, quizás…

Batiremos hasta que el preparado sea completamente homogéneo.

Se recomienda intentar que el Trabajo acabe siendo como un Juego…

Untaremos de Amistad el molde en el que vayáis a cocinar vuestra historia de amor y lo espolvorearemos con una ligera capa de anti-enfados.

Volcaremos la mezcla sobre el molde y lo introduciremos en el horno del corazón durante el tiempo que vosotros creáis conveniente.

Desmoldaremos y dejaremos que se asiente.

Si después conseguimos rellenarlo de Complicidad y lo cubrimos con guindas de Sonrisas, quedará mucho mejor.



¡Buen provecho Alejandra y Jon!
22 de mayo de 2.010
Nota de la autora:
Os deseo lo mejor en este vuestro nuevo Camino...
Y gracias por este día tan maravilloso...

miércoles, 12 de mayo de 2010

CAMINO GRIS




Tu vestido es gris. Tu mirada también. Sabes que nadie de los que van a tu lado se han percatado de tu presencia.

Pasas inadvertida agarrada a la barra metálica que te ayuda a sostenerte. Llevas veinte años haciendo el mismo viaje, cinco días a la semana. Pocas veces consigues asiento. En la estación anterior a la tuya siempre entra mucha gente.

Fuera de este metro te ocurre lo mismo, siempre llega antes alguien que ocupa el lugar que tú querías.

Te ocurrió con tu hermana mayor. Cuando tú llegaste a la vida, tus padres estaban demasiado ocupados en ella. Casi ni te vieron. Ella brillaba. Tú eras gris.

Faltan diez minutos para que tengas que bajarte. Andarás medio kilómetro y una máquina de fichar te esperará en la puerta.
Después ocho horas en una cinta llena de tuercas, que tú deberás introducir en cajas con movimiento de robot. El puesto de encargada ya lo has olvidado. A la largo de estos años siempre otra ha llegado a él antes que tú.

Anuncian tu parada por megafonía. Las puertas se abren.

Tú sales la última.


Nota de la autora:
Para mi anfitriona de St. Jordi.
Porque afortunadamente su Camino tiene mucho color...



domingo, 15 de noviembre de 2009

LAS ESTADÍSTICAS




Todo comenzó cuando por ley estuve obligada a convertirme en jubilada. Llevaba 45 años en el Departamento de Estadística del Gobierno Central,.Toda una vida contando: el número de seiscientos en carretera, la cantidad de mujeres universitarias en los sesenta y en los setenta, y más; el número de familias numerosas, y de sindicatos, y de divorcios. Durante 45 años conté la historia del país.


Y me encontré a los 65 años en casa, sola. Mi marido hacía cinco años que había fallecido. Fue un duro golpe, pero mi trabajo me entretenía y me refugié en él. Mis hijos ya no estaban en casa. Todos, uno a uno habían tomado sus vidas, y yo lo entendía, era algo natural. Si hubiera buscado un entretenimiento hubiera tenido el tiempo ocupado; pero no supe hacerlo, o no quise, no sé.

Y empecé a entretenerme en apuntar todo lo que hacían mis hijos, y comencé por contar las veces que me llamaban cada uno, y a final de mes analizaba los totales.

Lidia me ha llamado cinco veces, son pocas claro, pero este mes la niña se le ha puesto enferma, y es natural no habrá tenido tanto tiempo.
Pero Luis no tiene perdón, sólo diez veces, una llamada cada tres días, y ahora dirá que ha sido por trabajo. Y sé que sólo ha volado una semana, los pilotos han tenido huelga casi todo el mes. No sé lo que habrá hecho.
Mi Juan en cambio, siempre tan cariñoso. Todas las noches una llamadita, aunque sea corta. Él siempre antes de entrar en el pub me llama. Para que luego digan sus hermanos que es una bala perdida.

Cuando la estadística de las llamadas no me llenó, empecé con sus visitas, y después con los regalos que me hacían, y cuándo, porque no era lo mismo los regalos de compromiso en fechas señaladas, como los que llegan sin ser esperados.

Juan este año me ha mandado flores diez veces, porque claro, me ha visto un día sí y otro no, y se me ve deprimida. Lidia, si no es en mi cumpleaños o en Navidades, no hay regalo que valga. Y Luis, de ese mejor no hablamos, sus regalos siempre llegan con retraso, y porque se lo recordará Juan.

Y así contando una cosa y la otra se me pasaron dos años, y no hubiera sido malo, si sólo hubiera contado, pero no, empecé a decirle a Luis que poco me llamaba, y por qué no venía a verme; y además de contar también comparaba.

Porque hijo, tu hermano Juan también está muy ocupado, pero te puedo decir las veces que me ha llamado este mes, y el número de visita .Cortas, pero ha venido.

Y Luis se enfadó, y su estadística empezó a bajar, y luego la de Lidia.

Ya sé que los niños te absorben pero nunca vienes. Y yo no quiero ir a tu casa. No quiero ser un estorbo, ni molestar. Que tu marido no dice nada, pero sé que cuando voy no está diríamos a gusto. Que se le nota en la cara.


Entonces Juan tuvo el accidente, y ya no pudo llamarme, ni escucharme, ni regalarme.

Y ahora pienso, y si no hubiera contado todas sus vidas, quizás ahora no tendría una vida con la estadística en negativo.

sábado, 21 de febrero de 2009

CARNAVAL COTIDIANO





Esto va dedicado a ese…
que con movimiento autómata se viste
con el disfraz gris todas las mañana antes de salir de casa…

Esto va dedicado a ese…
que se pone la máscara de otro día más…
Esa que tapa los ojos que trabajarán sin parpadear…
Durante… horas y horas…

Esto va dedicado a ese…
Que se coloca la capa que cubre al ser que lleva dentro…
A ese, al que no le dedica mucho tiempo…
A ese, que llega a convertirse en un extraño…

Esto va dedicado a ese…
Que cambia su disfraz cuando llega a casa…
Porque ahí…
Comienza su segundo trabajo…

Esto va dedicado a ese…
Que a pesar de todo…
Intenta disfrutar con cada uno de los disfraces de su día…

Esto va dedicado a ese…
Que cuando se desnuda…
Cuando nada cubre su cara…
Comienza a vivir su Carnaval cotidiano…

sábado, 14 de febrero de 2009

DIA DEL AMOR Y LA AMISTAD...



El día de los enamorados,
es ese día en el que se hace figuritas con masa de sal…

El día de los enamorados,
es ese día que se convierte en domingo con churros…

El día de los enamorados,
es ese día en el que los adultos juegan a los catetos…

El día de los enamorados,
es ese día que se vive entre abrazos…

El día de los enamorados,
es ese día en que los problemas se quedan fuera y vives en una isla…

El día de los enamorados,
es ese día en el que confías tus secretos al otro…

El día de los enamorados,
es ese día en que aceptas a quien te acompaña, tal y como es…

El día de los enamorados,
es hoy…
fue ayer…
y será mañana…
Si uno quiere que lo sea…





sábado, 13 de diciembre de 2008

LA NORIA


Decidió escapar.

No sabía nadar.
Cogió la ola y se metió dentro.

En su interior…
Dio vueltas.
Se hundió.
Consiguió salir.

No le gustó el cambio.
Decidió regresar.
La Feria continuaba igual.

Y se sentó en una de las cabinas
de su noria…

jueves, 11 de diciembre de 2008

EFRÉN VÁZQUEZ ¡CAMPEÓN!


Suena el rugido de la moto al arrancar.
Él sabe que el momento ha llegado.
Sus padres también.
Muchos años preparándose para ese día.
Efrén se subió por primera vez a una moto a los cuatro años.
Fue tanta la ayuda que recibió de sus padres…
Fue tanto esfuerzo el que él realizó…
Que ahora los que le conocemos desde pequeño…
Los que tenemos el gusto de haber estado con su gato Isidoro…
Ésos… Nosotros… Los que solamente le hemos seguido…
Queremos decir que estamos muy orgullosos de ti…
Y de tus padres…

¡Felicidades Campeón!

Nota para su madre:
Estoy segura que un día de éstos… saldrá en televisión ese primer video de Efrén encima de una moto… y de fondo tú… anunciando el Cola Cao de los Campeones.
Un abrazo enorme para todos vosotros


Efrén, Campeón de España de velocidad en 125cc




domingo, 30 de noviembre de 2008

LA MUERTE

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La muerte siempre intenta
llegar antes para sentarse
en un butacón al lado de tu cama.
Si te ocurre eso es que has tenido suerte.

Cuando no le da tiempo
puede que te recoja muerto
en el frío de la calle.

Quizás llegue en el momento en que,
tu pareja o quien lo fue,
acabe de decidir que no debes vivir.

A lo mejor, recoge las balas arrojadas
hacia ti, por alguien que lucha por lo que cree
que son sus ideales.
Da igual en qué parte del mundo.
A veces es tal la cantidad de los caídos
que ella no tiene tiempo ni de recordar sus
rostro.

La muerte lleva demasiados años trabajando en la Historia,
en tu historia, en mi historia…
Está cansada.
Pero no tiene fecha prevista para la jubilación.

miércoles, 29 de octubre de 2008

LA BELLA DURMIENTE…

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Y si a los Reyes Magos nunca les llegan nuestras cartas pidiendo regalos…

Y si Las hadas no pueden conceder deseos porque no existen.
Y en cambio sí que viven Las brujas que te conceden deseos no deseados…

Y si La
Bella durmiente mordió la manzana y murió envenenada…

Y si la Lámpara de Aladino no tiene genio…

Y si a la madre de Bamby no la mató un cazador y llevamos años
llorando por ese momento…

Y si al Lobo Feroz no le gustaba comer abuelitas.
Porque siempre prefirió una oveja tierna…

Y si el
Ratoncito Pérez no se entera cuando se nos cae un diente.
Y si nunca ha salido de las alcantarillas donde mora…

Y si Las Sirenas no viven en el mar.
Y si sólo se alojan encima de ambulancias, coches de policía, y camiones de bomberos…

Y si Cenicienta limpió toda su vida la casa de su madastra.
Y si cuando murió ésta, limpió la de sus hermanastras.

Y si…

sábado, 25 de octubre de 2008

DE AMORES Y MACETAS



Te obligaron a dejar tu casa y a venir a la de ellos. Te sentiste colcha vieja que tendieron sobre esa cama de hospital. No la habían comprado para ti, no, ya la tenían de antes, de cuando enfermó la madre de Fernando y tuvo que pasar dos años inmóvil, hasta que murió.

Ellos todos los días fuera, trabajando, y tú allí, postrada durante horas, pendiente de que alguno de todos ellos regrese y te dé un poco de conversación. Maldito bordillo, malditos zapatos, maldita cadera, que truncaron tu vida de viuda, de calceta, paseos y televisión.

Ahora es lo único que ves, son prácticamente las únicas voces que oyes al cabo del día. Bueno, hasta hace una semana, cuando la primavera llevaba viviendo un mes. Tu hija dejó descorrida la cortina antes de marcharse. El comienzo del día avanzaba que iba a salir el sol. Te entretuviste contando las flores que estaban saliendo en las macetas de tu repisa. Cuando te aburriste, comenzaste a mirar las de los vecinos de enfrente. Desde tu posición no tenías alcance mas que a dos pisos. En el segundo no había macetas. Qué triste te pareció, eran ventanas desnudas, pensaste que serían de gente joven. En el tercero sí había pero no tenían flores. Sólo las llenaba el verde, menos en una. Creíste que te fallaba la vista, pero no, la cadera podía estar fracturada por varios lugares, pero los ojos todavía conservaban juventud. En la tercera maceta destacaba un alhelí morado de papel. Te sorprendió, pero conociendo el lenguaje de las flores imaginaste que quien viviera allí tenía el don de la modestia y también de la hermosura. Y no te equivocaste cuando le viste a él abrir la ventana. Tenía el pelo de nieve, como tú cuando no ibas a la peluquería. Llevaba gafas, casi transparentes, que no podían esconder sus ojos color campo. Con ellos te vio allí, tendida en la cama. Sonrió, como ya no te acordabas que podía sonreír un hombre y te saludó con la mano. Y qué manos, estaban cuidadas, eran suaves, con dedos alargados. Delataban trabajos de intelecto que habían impedido que se estropearan. Le devolviste el saludo, y la sonrisa. Pensaste que tenías que estar horrible, pero no te atreviste ni a comprobar tu peinado. Parece que él abrió la boca y que te dijo algo, pero tu ventana estaba cerrada y le hiciste gestos de que no podías oír. Él lo entendió, volvió a sonreír y se despidió.

Ese día no encendiste la tele. Esperaste con la mirada fija en su ventana, por si la volvía a abrir. Te sonrojaste por los pensamientos que cruzaron tu mente, también tu cuerpo. A la tarde cuando llegó tu hija le preguntaste quién vivía en el tercero, en las ventanas de las macetas llenas de verde y de un alhelí morado. Y te enteraste que se llamaba Vicente, y que estaba viudo hace tres años, como tú, y que vivía sólo, como tú, hasta ahora, y que era muy buen vecino y muy educado, porque había sido profesor, ahora ya estaba jubilado. Esa noche no te dolió la cadera, ni la cama de hospital.

Al día siguiente le pediste a tu hija que dejara la ventana abierta, te dijo que igual ibas a tener frío, pero le enseñaste los colores que tenías en la cara, y te hizo caso. Tú, Rosa, ya sabías el por qué de tus sonrojos, y las ganas que tenías de que se fueran hoy todos de casa. Y él no tardó mucho en aparecer en la ventana, y te pareció aún más guapo que ayer. Y le hablaste, y te habló, hoy podíais escucharos. Y le contaste lo de tu rotura de cadera, y que tu hija y tu yerno habían preferido que te curases en su casa. Y los dos supisteis que erais viudos, y que tú tenías otro hijo, y el también, y vivía en Córdoba. Te contó su afición a hacer flores de papel y a la lectura, también a pasear. Y ese día tampoco encendiste la tele, porque estuviste hablando dos horas con él, y el resto del tiempo lo dedicaste a soñar.

Y así ha sido toda la semana, menos ayer, que Vicente no apareció en la ventana, y pasaste frío porque el aire se levantó con fuerza y se cayeron los pétalos del alhelí morado. Anoche te dolió la cadera.

Hoy cuando tu hija se ha ido a trabajar le has dicho que te deje la ventana cerrada y has encendido el televisor. Has estado mirando de reojo hacia su casa. No sabes en qué momento lo ha hecho, pero en una de las macetas ha puesto una rosa blanca y una rosa roja, y has sabido lo que te quería decir: "El fuego de tu mirada me abrasa el corazón". Seguido, has apagado el televisor.


Este relato lo edité en el libro "Caríbdís" en un taller donde habitaban mujeres de todas las edades. Desde 30 hasta 70. De lo más enriquecedor.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

TODO ES POSIBLE




Cuando un abrazo une a seres
diferentes…
Comienza la magia
en el país Donde Todo Es Posible…

Cuando un abrazo desata cadenas…
Lo mejor es no decir nada…
Sólo… dejarse abrazar…




martes, 29 de julio de 2008

LA CASA DE LAS CAJAS


Rodolfo Lampierre tenía empaquetada toda su vida en cajas. Como su mejor y única amiga tuve la obligación, una semana después del entierro, de ir a su apartamento a poner en orden todas sus cosas. No hizo falta, él ya lo había hecho.

Siempre fue muy celoso de su intimidad y, aunque fuera extraño, nunca me había invitado a su casa.
Nada más abrir la puerta me encontré de frente con una inmensa caja que hacía las veces de baúl y la abrí. Contenía un vestido de la época de Sissí, pero de un tamaño desmesurado, tanto como el que tenía Rodolfo. Entré en el salón, me quedé completamente impresionada. Estaba lleno de cajas de diferentes colores y tamaños, perfectamente ordenadas y etiquetadas. Las paredes desnudas, sin el menor rastro de que hubieran acogido un cuadro jamás. No existía mobiliario. Comencé a mirar las etiquetas para descubrir qué podían contener. La variedad me impactó: medias, cosméticos, mapas, fotografías antiguas, poesías, perfumes, espejos, gafas, pelucas, flores secas...

La angustia se apoderó de mí y fui incapaz de abrir las cajas fuertes de sus secretos. Salí y me dirigí hacia otra habitación, era su dormitorio; una cama pequeña se encontraba en el centro del inmenso cuarto. Cama en la que parecía extraño que pudiera tener cabida Rodolfo con su corpulento armazón. Era extraño ver esa diminuta cama sola en el epicentro, sin mesilla, sin lamparilla, cubierta con un mantón de Manila negro. Como en el salón, pero sólo contra las paredes, se encontraban bordeando toda la habitación más cajas; pero aquí sólo de color negras. A mano y con letras torpes delataban sus contenidos: el arco iris, vejaciones en la niñez, deseo de amor, los silencios de mi madre, la dominación de mi abuela, el hombre de mi vida, mis miedos a las mujeres, mi vida en solitario...

Salí corriendo hacia lo que supuse era la cocina. Abrí las puertas intentando buscar un vaso para beber agua, me ahogaba, pero también allí todo estaba empaquetado en cajas.

La casa de cajas me hizo huir.

Mientras caminaba por la calle intentando que me diera el aire, me di cuenta de su última ironía: en su testamento había dejado escrito que no quería ser enterrado. Rodolfo había renunciado a reposar en su última caja.
Otra pequeño o gran momento de mi hijo literario “Rodolfo Lampierre”Este relato lo edité en el libro "Crónicas de Fábulas e Dezires" en el "Taller de escritura creativa Alfa"

jueves, 26 de junio de 2008

ESCUCHADORA DE ABRAZOS


Todos nacemos con un don.
Algunos tardan años en encontrarlo.
Otros no llegan a verlo nunca.
Lucía lo descubrió al poco de asomarse a este mundo.

Debajo de ella se encontró a una señora tumbada.
Se notaba que había hecho un gran esfuerzo.
Estaba sudando.
Lucía escuchó cómo esa mujer necesitaba ser abrazada.
Y lo intentó. Estiró sus diminutas manos.
Alargó sus pequeños brazos.
Pero se dio por vencida al darse cuenta que le era
imposible rodear todo ese enorme cuerpo.
Ése fue el único abrazo que escuchó en su vida y que no pudo dar.

Cuando fue al colegio poco a poco todos supieron que escuchaba abrazos.
Y se ponían cerca de ella cuando necesitaban
sentirse protegidos.

Creció y le ocurrió lo mismo con las amigas.
No hacía falta que ellas dijeran nada.
Lucía sabía cuándo debía envolver abrazos en papel de regalo.

Hubo pocos hombres en su vida.
Pero los que fueron, supieron lo que era recibir un abrazo
en cajas sorpresas de positiva energía.

Lucía fue y sigue siendo… Escuchadora de Abrazos.

Todos nacemos con un don.
Algunos tardan años en encontrarlo.
Otros no llegan a verlo nunca.
¿Y tú?
¿Sabes ya cuál es el tuyo?

viernes, 23 de mayo de 2008

SUS MANOS EN MI MANO


Estoy sentado al lado de su lecho, sosteniendo en mi mano sus manos ahora inertes. Ha muerto físicamente, lo sé, aunque no difiere mucho su actual imagen de la que recuerdo desde niño. Su tez blanca, casi pura, envolvía el violeta de sus pupilas. Los labios siempre cerrados, esperando, y sabiendo que los de mi abuela hablarían por ella.


Quiso Dios que no nos pareciéramos; donde en mí puso obesidad, a ella le colocó justo la piel para cubrir su esqueleto. Le regaló belleza, aunque fría. A mí, ni eso.

En mi niñez siempre me preguntaba qué le habría ocurrido para no querer nunca salir de casa, qué le había sucedido para pasarse las horas con la mirada fija en una fotografía supuestamente de mi progenitor, el valiente teniente francés Lampierre, según los relatos de mi abuela.

Juro por Dios que, desde mi adolescencia hasta hoy, he intentado despojarla de su autismo. Le he expresado con mis ojos y con mis manos el amor que le profesaba; también he retirado mi mirada cuando sabía que ella podría intuir la compasión que se dibujaba en ella.

Al envolverme la mano con sus manos en el silencio de la tarde, me ha regalado su mayor muestra de afecto. Después, un suspiro.


Otra pequeño o gran momento de mi hijo literario “Rodolfo Lampierre”
Este relato lo edité en el libro "Crónicas de Fábulas e Dezires" en el "Taller de escritura creativa Alfa"

domingo, 18 de mayo de 2008

Y NOS SALIÓ PELO...


Érase una vez un país inmenso que ocupaba toda la tierra. Las personas que lo habitaban eran como nosotros, pero con una peculiaridad: Eran todos calvos. Mujeres y hombres, jóvenes y ancianos, todo calvos.

La historia que os voy a contar comenzó un mes de julio brillante. El príncipe Rodolfo iba a casarse con la princesa Priscilla. Todo el pueblo estaba contento y celebraron festejos por todo el país.

En la capital del reino todo estaba preparado para el enlace. Como era el único país del mundo no podían venir Reyes de otros países, ya que no existían, así que las personalidades más importantes estaban invitadas. A primera hora de la mañana empezaron a llegar: las brujas, seguidas de las hadas madrinas, curanderos, sabios, bailarines, actores y demás.

Cuando llegó la princesa Priscilla al altar ya le estaba esperando el príncipe Rodolfo. La brillantez en la cabeza de todos los asistentes iluminaba todo el palacio. Sólo, por su rango, los Reyes portaban en sus cabezas las coronas imperiales.

En el momento que los novios afirmaron que querían ser el uno para el otro, y en medio de los aplausos, apareció La Bruja mala Sigfrida. Con paso firme recorrió todo el pasillo hasta llegar donde estaban los contrayentes, y dirigiéndose al príncipe Rodolfo le dijo:

— Yo siempre pensé que te casarías conmigo y por ignorarme así, yo os maldigo y os digo: Que todos los hijos que tengáis tendrán en sus cabezas pelos como los que cubren al león.

Y así ocurrió, a los nueve meses nació su primera hija, con toda la cabeza cubierta por pelo negro. Vanos fueron los intentos de las brujas buenas para contrarrestar el conjuro de La Bruja Sigfrida. La nueva princesa creció, y con ella el pelo de su cabeza. Lo mismo les sucedió a los siguientes hijos de los príncipes. Todos y sin excepción nacieron con pelo en la cabeza.

La vergüenza de los infantes, entre todo el pueblo calvo, era grande. No querían jugar con otros niños, y poco a poco se encerraron en palacio. Sus padres apenados, pidieron ayuda a La Hada Madrina Celeste. Esta se hizo protectora de los pequeños, y después de pasar una temporada con ellos comunicó a los príncipes que la única solución que había para que los niños salieran de su encierro, era que todo el pueblo, jóvenes y ancianos, mujeres y hombre fueran ungidos por un ungüento que les hiciera crecer el pelo. Y de esta manera todos serían iguales.

Este fue el origen por el que todos tenemos pelo en la cabeza. Aunque también ocurre que quien pierde su Hada Madrina, va perdiendo poco a poco el pelo de su cabeza.

domingo, 11 de mayo de 2008

ME HE DESPERTADO CON SABOR A MUERTOS


Me he despertado con sabor a muertos.

Pero tenían vida.

Los he visto en mis sueños.

Y allí me hablaban.

Me cogían de la mano.

Me hacían rosquillas.

Me cocinaban.

Me contaban un cuento.

Me regañaban.

Me hacían churros.

Me llevaban a pescar.

Me roncaban cerca.

Me llamaban “Mi amazona bella”

Me hacían trampas a las cartas.

Yo… Los besaba…

jueves, 1 de mayo de 2008

RODOLFO LAMPIERRE



Rodolfo Lampierre nació en el retrete. Como hace más de 400 años lo hiciera Carlos I de España y V de Alemania.

Su abuela estaba en la sala de cine viendo “La dama de las Camelias”, donde disfrutaba con su idolatrado Rodolfo Valentino, cuando fue avisada por el acomodador de que su hija acababa de parir en los lavabos.

Luisa Fernanda, así se llamaba la puérpera, había corrido hacia el mingitorio por un fuerte dolor de tripas que había sufrido. Jamás pensó que a sus seis meses de embarazo iba a traer al mundo al hijo que llevaba dentro; y mucho menos, en el lugar destinado más a los finales que a los principios.

Rodolfo Lampierre, que así fue nombrado por su abuela entre orines y demás desechos, fue llevado urgentemente al hospital.

La sorpresa de su nacimiento fue muy comentada en la sociedad donde se movían su abuela Enriqueta y su frágil madre, Luisa Fernanda, ya que nadie había conocido hombre que cortejara a Luisa Fernanda “La poco agraciada”, como se la conocía en los corrillos del baile.

Enriqueta, la abuela, el día que se dio cuenta del estado avanzado en que se encontraba su hija quiso conocer el nombre del culpable, algo que nunca pudo obtener. Para acallar los rumores decidió poner a su nieto un apellido francés que había oído en una película y que, junto con el nombre de Rodolfo, le daba juego para poderse inventar el final triste y anticipado que habría sufrido su imaginado yerno.

Cuando Rodolfo ya tuvo uso de razón conoció a través de la abuela su condición de sobrino-nieto de Rodolfo Valentino, además de ser hijo del valiente teniente francés Lampierre, asesinado cruelmente por un grupo de desertores durante la Segunda Guerra Mundial. Todos estos inesperados avatares habían impedido al progenitor cumplir su palabra de caballero.

Así, entre las fantasías de grandeza de su abuela Enriqueta y el mutismo y sumisión de su madre, creció Rodolfo Lampierre. Tampoco su exceso de peso y su carácter reservado ayudaron precisamente a las relaciones con los compañeros de clase.

Ya en la adolescencia le brotó una sed inagotable por los personajes históricos. Con lo que aprendió en los libros y aplicando la operación de restar, pudo darse cuenta de la falsedad sobre su padre que siempre le había contado su abuela Enriqueta. Sin embargo, nunca le reprochó sus mentiras y la dejó vivir en sus fantasías. También imitó, sólo aparentemente, la misma sumisión de su madre.

Dedicó todo su tiempo a pasar de un curso a otro, incluso a veces dos a la vez. Se enamoró del ordenador, y con él se ganó la vida; mediante él contactó con personas del mundo entero a las que contaba, imitando a su abuela, mil historias fantásticas de sus diferentes vidas. Su trabajo lo hacía en casa por lo que no tenía la necesidad de salir fuera. Sólo lo hacía para ir al cine a ver películas antiguas. En una de ellas, un día que proyectaban “El hijo del Caid” de Rodolfo Valentino, cincuenta años después de su nacimiento, murió de un infarto, en el retrete.

Rodolfo fue mi primer hijo literario. Y por ello le tengo un cariño especial.
Tengo más historias de él en el cajón… Otro día os contaré más cosas de él…
Este relato lo edité en el libro "Crónicas de Fábulas e Dezires" en el "Taller de escritura creativa Alfa"


jueves, 24 de abril de 2008

AGRIPINA


Agripina aprendió a contar a la edad de cuatro años y se dio cuenta de que el mundo estaba lleno de cosas y personas que se podían contar y contaba el número de garbanzos que le ponían en la mesa, y los de su hermana; y contaba las páginas del periódico cuando era pequeña y aún no sabía leer, su hermana sí; y contaba las esquelas para poder decir cuántos habían muerto, aunque no supiera sus nombres, y el número de fotos que aparecían, y el número de palabras de la primera página. A más palabras, más importantes son las noticias, pensaba ella. Y contaba los vestidos que tenía, y los de su hermana; y los chicos que le pedían baile, y a su hermana; y los tiestos que tenía en su casa, y en la de su hermana; y las veces que su marido la llevaba al cine. Su hermana no tenía marido.


Y contaba los botes y las latas en su cocina, y en la de su hermana; y las figuritas en su salón, y en el de su hermana. Y quien tenga más, mejor será, pensaba ella, y fue acumulando vestidos floreados, y zapatillas de felpa, y cuadros de vírgenes, y muebles de formica, y tapetes de ganchillo, y flores de plástico. Y contaba, y tenía más que su hermana.


Y contaba el número de vecinos de su edificio, y el número de coches que tenían, y el número de hijos, y contaba y tenía más que su hermana. Y contaba el número de amigos de sus cuatro hijos, y sus novias, y los miembros de la familia de las novias, y las casas que tenían, y la plata de sus salones, y las toallas en el baño, y el número de electrodomésticos, y las lámparas de lágrimas. Su hermana no tenía hijos.


Y contaba las veces que su hermana iba al teatro, y las que se iba de vacaciones al extranjero, y el número de prendas de marca que se compraba, e intentaba compararlas con sus veces y con sus números, y su hermana siempre salía ganando.


Y empezaron los achaques y las enfermedades y Agripina los contaba: los de ella y los de su hermana y Agripina ganaba, y eso le gustaba. Y contaba las recetas y las cajas de medicamentos: las de ella y las de su marido, y tenía más. Pero su marido se murió, su hermana no tenía marido, y contaba una y otra vez las tarjetas de pésame y las coronas de flores que enviaron al funeral, y el número de asistentes, y luego se lo contaba a sus amigas, amigas que ya había contado, y a las de su hermana, y contaba y su hermana tenía más amigas, pero no tenía tarjetas de pésame, ni tampoco coronas de flores.

Ayer su hermana ha muerto. Y hoy han llegado las tarjetas de pésame y Agripina las ha contado, y las coronas de flores, y los asistentes al funeral, y ha contado, y su hermana tiene más, y ha contado otra vez las enfermedades y su hermana tenía menos, y tampoco nunca tuvo hijos, ni marido, y Agripina sí, y ha contado los años que lleva contando y son setenta y puede seguir contando y su hermana no, y ha contado todas las cosas que ha contado de su hermana, y ha parado de contar. Porque ya no tiene con quién comparar lo que contaba. Porque ya no tiene qué vivir, ni qué contar, si no es en el pasado. Porque ha ganado la última cuenta, pero no sabe para qué.

Este relato lo edité en el libro "Cuentos Cardinales" en el "Taller de escritura creativa Alfa"


Agripina cuenta… cuenta… demasiado… y compara…

¿Conoces a alguien así?